Cachagua: El secreto entre bosques de pinos y santuarios marinos (Zapallar)
Hay lugares donde el tiempo parece avanzar a un ritmo diferente, y Cachagua es definitivamente uno de ellos. Ubicada apenas unos kilómetros antes de llegar al histórico pueblo de Zapallar, esta bahía de más de cinco kilómetros es un refugio donde la elegancia sobria de sus casas de madera y techos de paja se funde de forma natural con acantilados cubiertos de pinos y un Pacífico azul profundo. Aquí no hay grandes edificios ni el bullicio típico del verano masivo: lo que predomina es el crujido de las olas, el olor a salvia silvestre y el sonido constante del viento colándose entre las rocas.
Es una playa de arena gruesa y dorada, ideal para caminatas interminables con pies descalzos a primera hora de la mañana, cuando la neblina costera, a clásica camanchaca, comienza a retirarse para dar paso a tardes templadas y luminosas.
Curiosidad: Elislote que resguarda a los pingüinos del centro
A apenas cientos de metros de la orilla emerge el Isla de Cachagua, un peñón rocoso batido por la rompiente que fue declarado Santuario de la Naturaleza. Aunque a simple vista parece una formación solitaria, es la cuna de una de las colonias de anidación más septentrionales del Pingüino de Humboldt en el litoral central de Chile. Con solo llevar un par de binoculares y sentarte en los miradores rocosos del sector sur, puedes ver a decenas de estas aves saltar desde los roqueríos y deslizarse en el mar junto a nutrias marinas (chungungos) y cormoranes.
Cómo llegar a Cachagua
Para llegar desde Santiago o Viña del Mar se toma la Ruta 5 Norte, desviándose hacia la costa por la pintoresca Ruta F-30-E. Una de las experiencias más bellas que ofrece Cachagua es recorrer a pie el Rambla o Sendero de las Casetas, un camino peatonal esculpido en la piedra que bordea los acantilados y conecta la playa de Cachagua con la bahía de Zapallar.
Qué empacar: Unos buenos binoculares para observar la fauna de la isla, calzado cómodo de trekking para explorar los roqueríos y un cortavientos liviano, pues cuando el sol cae tras el horizonte, la brisa marina refresca el ambiente en pocos minutos.




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